Soy Mariona Folgado, vivo en una casa al lado del bosque y me despierto cada mañana mirando los árboles y el cielo, escuchando los pájaros. Agradezco inmensamente a la vida por tener esta paz en casa y una familia hermosa a mi lado.
Soy una luchadora incansable. Desde pequeña andaba un poco perdida en la vida, yendo de aquí para allá, siguiendo el frenético ritmo de mis padres, que siempre han trabajado mucho. Mi adolescencia fue una ruptura de aquello recibido, como en todo adolescente, y una búsqueda de algo más espiritual y no tan material, aunque desde una base de tierra y solidez recibida de mi familia.
A los 18 años me fui de casa, empecé a estudiar Bellas Artes y a trabajar de lo que podía. Fueron años duros, de sobrevivir más que de construir un camino claro. Pero encontré buenos compañer@s de vida con l@s que crecí, y llegaron a mí libros sobre Zen y Tao, que me llenaban el alma y me conectaban con la humanidad, con la vida, con algo más grande que yo y que tod@s nosotr@s.
Después de un tiempo descubrí la Educación Viva, por influencia de algun@s buen@s profesor@s que tuve en la facultad. Leí un libro maravilloso, Educar para ser, de Rebecca y Mauricio Wild, que tuvo en mí un gran impacto, y sentí que ese era mi camino: acompañar a niñ@s desde el respeto, dándoles tiempo y espacio para ser. Yo ya trabajaba con niñ@s en extraescolares de arte y empecé a combinar mi trabajo haciendo de voluntaria en escuelas de Educación Viva.
Así fue como llegué al proyecto del CAIEV, donde trabajo actualmente. Al principio fue muy duro confrontar mis patrones viejos de comportamiento, que no tenían lugar en ese entorno. Pero poco a poco me sentí mejor. Estaba inmersa en un gran cambio de paradigma, de actitud y de vida, algo que iba mucho más allá de las horas de escuela y tocaba mi esencia, mi modo de ver la vida; un aprendizaje que sigue todavía, porque aún salen de mi patrones viejos que vienen a recordarme que el aprendizaje no tiene fin.

Sentí el deso de formarme en Arteterapia y empecé la formación en la Escuela Hephaisto de Barcelona. Mi vida dio otro vuelco, todavía más profundo. Lo que había empezado como un adquirir herramientas para mi trabajo se convirtió en un profundo viaje interior que no esperaba. Conecté con mis sombras, el dolor, el vacío... y a la vez con una paz que nunca antes había sentido. Increíble, no tenia ni idea de que el Arteterapia era todo eso. Me encontré tan en mi eje que ahora estoy aquí, haciendo de este descubrimiento mi camino.


Paralelamente a la formación he sido madre. Mi hijo Arau me aporta una luz infinita y me despierta un amor incondicional increíble, a la vez que mueve mis cimientos como nada lo ha hecho antes. Otro gran viaje vital que ha venido a cambiarme la vida para siempre.
Y con esto se cierra un círculo, porque esa niña tan perdida de mi infancia, mi niña, empieza a encontrarse, ya tiene cerca una adulta más sana que está con ella. Aunque me doy cuenta de que todavía muchas veces queda olvidada, y tal vez esa sea mi misión, mantenerla viva y escucharla, propiciando que otr@s hagan lo mismo: acompañando niñ@s a estar en salud y equilibrio, acompañando adult@s a conectar con sus niñ@s interiores. Para crecer y tenerse de una manera más auténtica, más real.
Y qué mejor manera que hacerlo a través del juego que es el arte.
Deseo que así sea…



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